El humo del tabaco se compone de una corriente primaria o principal, que es la que inhala directamente el fumador, y una corriente secundaria, generada mediante la combustión espontánea del cigarro. Se han identificado más de 4.000 sustancias nocivas en el humo del cigarrillo, de los cuales al menos 60 son probables carcinógenos humanos, como los 4-aminobifenoles, benceno, níquel, otras sustancias tóxicas son monóxido de carbono, dióxido de carbono, nitrosamidas, amoníaco, y otras están como partículas en suspensión (alquitranes y nicotina).
lunes 19 de mayo de 2008
Tabaco y Salud
El humo del tabaco se compone de una corriente primaria o principal, que es la que inhala directamente el fumador, y una corriente secundaria, generada mediante la combustión espontánea del cigarro. Se han identificado más de 4.000 sustancias nocivas en el humo del cigarrillo, de los cuales al menos 60 son probables carcinógenos humanos, como los 4-aminobifenoles, benceno, níquel, otras sustancias tóxicas son monóxido de carbono, dióxido de carbono, nitrosamidas, amoníaco, y otras están como partículas en suspensión (alquitranes y nicotina).
miércoles 5 de marzo de 2008
Su composición está formada por el alcaloide nicotina, que se encuentra en las hojas en proporciones variables (desde menos del 1% hasta el 12%). El resto es el llamado alquitrán, una sustancia oscura y resinosa compuesta por varios agentes químicos, muchos de los cuales se generan como resultado de la combustión (cianuro de hidrógeno, monoxido de carbono, dióxido de carbono, óxido de nitrógeno, amoníaco, etc.)
Aun hay mas
Tiene poder adictivó debido principalmente a su componente activo, la nicotina, que actúa sobre el sistema nervioso central. El fumador sufre una dependencia física y psicológica que genera un síndrome de abstinencia, denominado tabaquismo. La nicotina genera adicción, pero tiene efectos antidepresivos y de alivio sintomático de la ansiedad. No se utiliza en farmacia, porque en la segunda mitad del siglo XX se descubrieron antidepresivos más eficaces y que no crean adicción. Tampoco se emplea para el alivio sintomático de la ansiedad, salvo en casos excepcionales, porque las benzodiacepinas, que son el tipo de tranquilizantes más utilizado, también crean dependencia, pero se consideran más eficaces y menos nocivas.
Dejar de fumar, en el caso de enfermos de depresión, sólo es aconsejable si va acompañado de la ingestión de nicotina en chicles o por cualquier otro procedimiento diferente de fumar, ya que, de no hacerlo así el estado de los enfermos depresivos se agrava, la ansiedad y la tensión muscular aumentan y también las probabilidades de suicidio (en los enfermos depresivos la tendencia al suicidio está siempre latente y puede pasar de la idea al acto cuando la enfermedad se agrava por cualquier circunstancia). Algo parecido puede decirse de quienes padecen de obesidad mórbida, ya que al dejar de fumar puede aumentar el apetito.
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